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17 dic. 2010

DE LANCELOT

lancelot3


Estimado Merlín.
Recurro a ti en mi desesperación. Solo tú puedes salvarnos.
Soy Lancelot del Lago, antes conocido por Sir lancelot. Durante años fuí uno de los Caballeros del Rey Arturo y de la Tabla Redonda. El nombre de Camelot llego a mis oídos antaño, en mi juventud. Ansioso por conocer dicho lugar y a tan glorioso Monarca, deje mi isla de Lanzarote y me embarque hacia Bretaña.
Llegué a Camelot hoy hace mas de cuarenta años, durante todo este tiempo defendí los colores de mi Rey y me esforcé en instaurar un Orden nuevo en la tierra. Bajo mi Dios, mi Rey y con, el mi Reina, la hermosa Ginebra.
Todas las noches, alrededor de la tabla ante fuego junto a unos cuartillos de vino, nos sentábamos a relatar hazañas guerreras rivalizando unos con otros en Bravura, Caballerosidad y cortesía con las Damas.
Era cuando Arturo gustaba más de hablarnos de sus planes. Soñaba con un mundo unido un Mundo sin guerras en el que los poderosos, a diferencia de lo que sucede en muchas otras tierras, protegieran a los débiles. Un mundo en el cual las Damas gozasen del respeto que su condición exige, al contrario de lo que sucede en las tierras desérticas de África.
Con los años, Arturo cayó presa de un misterioso hechizo.
A través de arcanas prácticas, llego al convencimiento de que tan solo un objeto podía darle esa unidad en la que tanto soñaba: El Santo Grial.
Siglos de oscuridad envuelven la leyenda según la cual, José de Arimatea, tras la muerte de Cristo, recogió su preciada sangre en la copa en la que había bebido vino por última vez.
Los alquimistas de la corte tuvieron a Arturo hechizado con la idea de que ese Santo Grial y solo el, podrán poner fin a la barbarie.
Hoy ya hace 15 años que abandone Camelot en un exilio auto impuesto.
Los trovadores narran que la razón de mi exilio fue la de alejarme del Amor de Ginebra. Cuentan que el amor que siento por mi Rey, no pudo evitar que amara así mismo a mi Reina y que para evitar la caída del reino, emprendí voluntario exilio.
Bien, Merlín, tú y yo sabemos que no es verdad. Yo, junto con otros de los mejores Caballeros de Arturo, emprendimos entusiastas la búsqueda del Grial convencidos que lo hallaríamos para mayor gloria de Arturo.
Muchos años han pasado desde aquel día. Mi cansado cuerpo ha recorrido miles de leguas desde entonces. He cruzado el mar. Atravesé la tierra de los Francos para dirigirme a Roma donde tan solo la barbarie impera. Seguí por las rutas romanas hasta la misma Jerusalén. Continué por los desiertos de Libia y por las Puertas de Hércules, cruce de nuevo el Océano recorriendo así todo el Orbe.
He sido herido en mil combates, mi sangre se haya ya esparcida por tantos rincones que pienso que soy ya con ella, tierra que busca tierra.
Mis cicatrices son profundas, algunas lo son tanto que sé que no cerraran jamás.
Mi antaño gloriosa armadura, hoy luce abollada y sucia, no tiene Oxido, sin embargo, propio de armas ociosas. No, he vencido en mil combates, he matado a cientos de enemigos.
Ya vamos quedando menos, de mis compañeros antaño heroicos Caballeros, algunos han muerto, otros, cansados de esta inagotable búsqueda, nos han dejado y desfilan ahora bajo otras banderas.
Merlín, tras todos estos años de doloroso peregrinar sin destino y sin sentido , he llegado,
Dios me perdone, a dudar de la existencia de Grial.
He visto mucho Gríales, algunos, autenticas copas de Reyes, de rica y exótica pedrería sobre sólido oro, otros, simples copas de carpintero hechas de madera y no por ello menos impresionantes.
Creí volverme loco y acudí a la Dama del Lago por ver si mi mal tenia algún remedio que ella pudiera darme. Tristemente para mí, la Dama tan solo aconseja, no tiene nada contra este maleficio que me desvela y me guiíta el apetito. Es por ello por lo que a ti acudo, oh Merlín.
Hace no muchos días, me cruce con un Caballero que decía venir de Camelot, quien me relató un desgraciado suceso:
Arturo, en una de sus salidas contra los Pictos, fue gravemente herido en la cabeza al caer del caballo en que montaba. Tras trasladarlo al Castillo, los demás magos y hechiceros poco pudieron hacer por él. Durante meses, vago entre delirios y sueños por los mundos del mas allá, hasta que finalmente se quedo en su actual estado.
Dicen que aun vive, pero yo sé que no es cierto, es Ginebra quien así lo desea pues teme que con su pérdida el reino se parta. Por esa misma razón, ha mandado a los caballeros restantes a la búsqueda del Grial. Ella pretende mantener unido el Reino gracias a él.
Si al menos Arturo viviese... si hubiese esperado mi regreso, yo podría haberle convencido de que desistiera, que la búsqueda del Grial no es la solución, y de que no hay tal Grial, creo que habría escuchado las palabras del amigo... ahora es ya tarde para hablar, tarde para cambiar, tarde para rectificar.
Merlín. Son muchos los años de batallar, de cabalgar de sol a sol. Muchos son los Gírales que he encontrado, pero no el Grial de Arturo. Tanto es así que he llegado a pensar que no existe, que nada que sea perfecto, puede tener forma física en este mundo en el que todo muta, se deteriora yse altera, que el Grial es el Grial en sí mismo; en su pura esencia, en su sola idea, en su búsqueda.
El grial es el Camino del dolor, la muerte y la soledad, el camino de las espinas que no conduce a ninguna parte.
No hay Grial. La búsqueda es el Grial, y mientras lo Caballeros de reino recorremos el Mundo en una búsqueda sin sentido, el Reino, poco a poco decae en la barbarie y el caos.
He de volver, Merlín. Los caballeros mueren en una búsqueda sin sentido de algo que tan solo existió en la mente de Arturo.
¿Puede el Reino mantenerse unido sabiendo que el Grial nunca será hallado? Ginebra opina que no, insiste en mandar a los caballeros, uno tras otro y es por ello que los cánticos de los trovadores dicen que ya jamás volveré.
Soy Lancelot del Lago, Caballero de Arturo y de la Tabla redonda. Hay más honor en la suela de mis botas manchadas, mas sangre de héroes en el filo de mi espada que todo y toda la que puedan quedar en Camelot.
Respeto a mi reina, pero alguien debe de parar esta sangría.
Merlín, no existe el Grial. Una vez, cerca de Tierra Santa, encontré una maravillosa copa facetada que cobraba distinta forma según quien la mirara, era una copa mágica que por unos era percibida como de oro y pedrería y por otros como de barro o madera, y nunca era la misma copa para dos personas distintas.
La cogí creyendo que era el Grial pero no fue así, no era el Grial de Arturo, uno solo para todos los hombres. Aun la guardo pues es lo más próximo a él que jamás haya podido encontrar. He de llevarlo a la Dama de lago. Tan solo ella puede decirme si esta copa facetada que se ve de forma distinta por cada hombre, puede servir para mantener el Reino unido contra la opinión de mi señora Ginebra.
Ayudadme merlín, sacad a Arturo de su hechizo o ayudadle a morir en paz, cualquier cosa menos ver como se consume el más grande guerrero de todos los tiempos. Mi Rey.
Ayudadme a reunir a todos los Caballeros dispersos, ayudadme a convencerlos de que no hay Grial, al menos ese Grial.
Arturo, en una de sus salidas contra los Pictos, fue gravemente herido en la cabeza al caer del caballo en que montaba. Tras trasladarlo al Castillo, los demás magos y hechiceros poco pudieron hacer por él. Durante meses, vago entre delirios y sueños por los mundos del mas allá, hasta que finalmente se quedo en su actual estado.
Dicen que aun vive, pero yo sé que no es cierto, es Ginebra quien así lo desea pues teme que el reino se parta. Por esa misma razón, ha mandado a los caballeros restantes a la búsqueda del Grial. Ella pretende mantener unido el Reino gracias a el.
Si al menos Arturo viviese... si hubiese esperado mi regreso, yo podría haberle convencido de que desistiera, que la búsqueda del Grial no es la solución, que no hay tal Grial, creo que habría escuchado las palabras del amigo... Ahora es ya tarde para hablar, tarde para cambiar, tarde para rectificar.
Merlín. Son muchos los años de batallar, de cabalgar de sol a sol. Muchos son los Gírales que he encontrado, pero no el Grial de Arturo. Tanto es así que he llegado a pensar que no existe, que nada que sea perfecto, puede tener forma física en este mundo en el que todo muta, se deteriora y es alterable, que el Grial es el Grial en sí mismo; en su pura esencia, en su sola idea, en su búsqueda.
El grial es el Camino del dolor, la muerte y la soledad, el camino de las espinas que no conduce a ninguna parte.
No hay Grial. La búsqueda es el Grial, y mientras lo Caballeros de reino recorremos el Mundo en una búsqueda sin sentido, el Reino, poco a poco decae en la barbarie y el caos.
He de volver, Merlín. Los caballeros mueren en una búsqueda sin sentido de algo que tan solo existió en la mente de Arturo.
¿Puede el Reino mantenerse unido sabiendo que el Grial nunca será hallado? Ginebra opina que no, insiste en mandar a los caballeros, uno tras otro y es por ello que los cánticos de los trovadores dicen que ya jamás volveré.
Soy Lancelot del Lago, Caballero de Arturo y de la Tabla redonda. Hay mas honor en la suela de mis botas manchadas, mas sangre de Héroes en el filo de mi espada que todo y toda la que puedan quedar en Camelot.
Respeto a mi reina, pero alguien debe de parar esta sangría.
Merlín, no existe el Grial. Una vez, cerca de Tierra Santa, encontré una maravillosa copa facetada que cobraba distinta forma según quien la mirara, era una copa mágica que por unos era percibida como de oro y pedrería y por otros como de barro o madera, y nunca era la misma copa para dos personas distintas.
La cogí creyendo que era el Grial pero no fue así, no era el Grial de Arturo, uno solo para todos los hombres. Aun l guardo pues es lo más próximo a el que jamás haya podido encontrar. He de llevarlo a la Dama de lago. Tan solo ella puede decirme si esta copa facetada que se ve de forma distinta por cada hombre, puede servir para mantener el Reino unido contra la opinión de mi señora Ginebra.
Ayudadme merlín, sacad a Arturo de su hechizo o ayudadle a morir en paz, cualquier cosa menos ver como se consume el más grande guerrero de todos los tiempos. Mi Rey.
Ayudadme a reunir a todos los Caballeros dispersos, ayudadme a convencerlos de que no hay Grial, al menos ese Grial.
Lancelot