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10 oct. 2011

Reflexiones de una Wiccana, algo convencida ya de serlo ©

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Cuando alguien viene a preguntarme sobre Wicca y me propone que le haga la iniciación, intento ser clara, breve y concisa en lo referente a la explicación y siempre le digo lo mismo: “¿Estás segur@? ¿De verdad has entendido lo que te he explicado?
Y en menos de dos minutos, me doy cuenta de que NO, de que no han entendido, porque lo primero que dicen haber entendido es que van a ser bruj@s, cuando nunca hago referencia a la brujería, y no ven el camino iniciático que es el sendero Wicca. La Wicca puede ser para todos, pero NO ES para todos.
Cierto es que la Wicca es contacto con la naturaleza y culto a la  Diosa y al Dios entre otras cosas, pero lo principal es que es un sendero iniciático en el que cada un@, desde el primer momento, comienza un camino de dedicación. Un camino que busca, a través de una serie de procesos y transformaciones, conectar al hombre con el Universo. Y como tal, es un camino de transformaciones, revoluciones y, por regla general, es lo último que queremos en nuestras vidas ya que resolver nuestros propios problemas requiere de esfuerzo y trabajo por nuestra parte.
Toda transformación, todo cambio, comienza dentro de nosotros mismos y entonces es cuando nos enfrentamos a nuestros propios demonios. Sólo así podemos conectar con la naturaleza y con los Dioses pero para ello hemos tenido que limpiar y pasar por ese camino iniciático. Un camino en el que los Dioses nos ponen a prueba, juegan con nosotros de la manera más increíble e impredecible. Todo esto no lo hacen por capricho ni porque sean súper-poderosos, sino porque nosotros, sin coacción externa de ningún tipo, hemos decidido caminar ese camino iniciático. Planteándolo de forma simple: nosotros les damos poder y autoridad a los Dioses, al querer conectar con ellos, para que provoquen un cambio en nosotros.
Si queremos aprender conscientemente, no es fácil. Probablemente, suframos en ese aprendizaje. Esto no tiene nada que ver con la “religión” que nos venden en la mayoría de libros y textos. Si nuuestra pareja estaba “tocada” es muy probable que después de entrar en el camino, tengamos que enfrentarnos a los problemas de pareja que no queríamos reconocer y reaparecen en nuestras propias narices. Si había una serie de decisiones que no se habían tomado o se habían postergado, tendremos que tomarlas de forma acelerada. Si hay miedos ocultos, cada ritual los acercará más a nuestra conciencia. Si pedimos a los Dioses fuerza física, no nos darán fuerza física; sino que probablemente nos harán saltar obstáculos. Si les pedimos coraje, no nos darán coraje; sino que nos situarán en medio de una guerra.
Y si, encima, queremos llegar a Sacerdotisa o Sacerdote, nos veremos inmersos en situaciones en las que vamos a tener que expresarnos como tal. Incluso cuestionándonos la existencia de los Dioses y nuestra propia valía.
Celebramos 8 festividades, la llamada Rueda del Año, con festejos. Son los ciclos de transformación de la naturaleza (el nacimiento de las flores, el crecimiento de los árboles y de la hierba). Y danzamos en honor a la nueva vida y también para dar la bienvenida a la muerte (el marchitar de las hojas y la oscuridad de la tierra). Todo esto lo hacemos danzando, riendo y compartiendo con las hermanas y hermanos del coven, dentro del círculo. Pero al mismo tiempo se producen los mismos procesos dentro de nosotros: al celebrar el nacimiento de las flores estamos celebrando, llamando y acelerando el nacimiento de cosas nuevas dentro de nosotros mismos, tanto buenas como complejas. Cuando danzamos por la muerte y la oscuridad, danzamos y catalizamos las propias “muertes y cierres” en nuestra alma y en nuestra vida. Llamamos a una conclusión y a una toma de decisiones que cerrarán cosas que igual ni queremos cerrar de momento, pero que es necesario que se cierren para poder seguir caminando. Estos rituales (que son preciosos, pero que tienen un trasfondo esotérico y exotérico) no sólo celebran lo externo. Cada uno de los rituales de la Rueda del Año es una llamada a la transformación interna, una llamada y una celebración tanto interior como exterior. Celebramos y danzamos una y otra vez, Sabbat tras Sabbat, año tras año, no sólo por las cosas bellas que suceden en la naturaleza que nos rodea, sino también por las que no nos gustan y son complicadas (no tenemos trabajo, estamos ante un divorcio, una crisis existencial, una depresión, problemas familiares, etc.) y así provocamos una catarsis.
Y por todo lo que pasemos en el sendero iniciático habrá sido una elección propia. Sólo nuestra, no podemos culpar a nadie. Ni a los Dioses. No será culpa de los Dioses que pasemos por un momento de crisis existencial o hasta depresivo. Somos mayores de edad, adultos, y caminamos por voluntad propia. Y con cada ritual, con cada invocación o destierro, con cada llamada a la Diosa o al Dios, vamos a dar un paso más hacia el levantamiento de una barrera o la destrucción de otra. Es un paso adelante hacia el conocimiento de otras realidades. Un paso dado por nosotros y sólo por nosotros.
No es hacer hechizos o invocar al día siguiente de ser iniciado. No podemos pretender que, de buenas a primeras, se mueva el mundo y que los demás seres se rindán a nuestra voluntad. Nada de eso. Hemos de pasar mucho tiempo leyendo, estudiando, haciendo pequeños ejercicios y rituales, hablando con los miembros del coven, escuchando a los que están dentro del Coven desde mucho antes que nosotros. Y pasan muchas cosas: la “mente del coven”, la “energía del coven” está entrando dentro de nosotros cada vez que estemos dentro del círculo y esta energía comenzará, por sí misma, a estimular las transformaciones. Nada dentro de un coven es estático, todo está en constante movimiento. Puede que no entendamos lo que está ocurriendo, pero hemos de entender que lo estamos creando y proyectando hacia todo el espacio en el que estamos. El coven “actúa” dentro de nosotros y llama a nuestro interior con cada ritual realizado. Así de complejo es esto y así se explica desde el inicio. Pues en Perfecto Amor y en Perfecta Confianza, formamos parte de un grupo mágico y un grupo mágico es, necesariamente, un grupo en el que las transformaciones acontecen.
El coven es una familia. Sí, pero como en toda familia hay discusiones, distanciamientos, enemistades, disgustos y hasta separaciones. Al final, somos y seguiremos siendo aquellos seres humanos con problemas, tabúes, preconceptos, impresiones equivocadas, egos y necesidades de reconocimiento. El Perfecto Amor y la Perfecta Confianza no implican perfección sino por el contrario, el reconocimiento de que mi hermano/hermana se puede equivocar y de que en ese proceso aprendemos todos. Aprendemos de los otros, como ha sucedido desde el inicio de los tiempos.
En el coven descubrimos que muchas de las cosas que nos parecen alucinantes y tremendas no son más que fantasías de nuestra mente, jugadas ocultas del subconsciente. Pero también será en este grupo donde descubriremos lo importante que es el universo subjetivo y donde nuestra individualidad será exaltada al mismo tiempo que será exaltada la mente grupal. Esto no es un proceso simple y no siempre es alegre. A veces es muy doloroso, porque los EGOS han de quedar fuera.
El coven espera compromiso por nuestra parte, entrega y dedicación. Lo que se hace es tan serio como cualquier otro evento de nuestras vidas y no se está dispuesto a que otros consideren este tipo de trabajo como algo “extra”, sino que debe realizarse con cierta disciplina y dedicación ya que todos trabajamos así.
Aprendemos a hacer magia, pero no es fácil. Hacer magia es provocar transformaciones de acuerdo con la voluntad. Es un vehículo o herramienta para alcanzar determinados propósitos. Así que como iniciados hemos de dominar nuestras propias herramientas, hemos de conocer las leyes del mundo en el que nos vamos a mover y tendremos que pasar por el proceso de ensuciarnos las manos, cometiendo errores y repitiendo ensayos, para aprender y poder mantenerlas limpias. Todo lo que hacemos tiene una consecuencia y en magia es inevitable llevarse unos cuantos golpes. Y aprenderemos que las buenas intenciones, aunque sean buenas, pueden generar la peor de las reacciones. Las buenas intenciones no garantizan el éxito en magia.
Y todo esto, por duro que sea, vale la pena. Si entras en este camino has de tener claro de que no volverás a ser jamás el/la que eras. No serás jamás el/la mism@. Tus oscuridades saldrán a relucir, pero se verán iluminadas por una llama que nace, muere y resucita. Todo tu entorno, a parte de ti mismo, cambiará. Para bien o no. Sólo cambiará. Crecerás, pero sufrirás. Caminarás, pero tropezarás. Y te conocerás a ti mismo, en tu luz y en tu oscuridad. Luego, puedes seguir o no en el camino de la Wicca. Y si sigues, será con conocimiento de causa y con alegría porque lo que la Wicca te va a dar, no sólo es magia: es honor, amor, luz y una familia con todas las consecuencias. Y lo que, seguro, no hará de ti es un/a bruj@ o hechicer@... 


© Morganna Barcelona.