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6 oct. 2011

La Magia de las Velas


En cualquier soporte, vela o lámpara, la llama es representativa de la vida, del alma, del espíritu, de todo lo que puede elevarse espontáneamente.
Su soporte (vela o lámpara de aceite) es representativo del conocimiento (fuente de luz), de la oración, de todo lo que pueda ayudar al alma o al espíritu para elevarse hacia la divinidad.
Es también lo que, en sentido propio, representa la puerta de la luz. Utilizada en la oración (rezos), la vela ayuda a la elevación hacia la divinidad de la petición formulada en la oración.
En la oración interviene el pensamiento (lo mental) y la voz: en otro libro hablaremos de los vocablos de poder y sus pronunciaciones.
La voz es el cuerpo de nuestro espíritu, de nuestro deseo mental. Para ello es importante que la oración sea pronunciada con firmeza, concentración y sublimidad.
La oración es la petición en toda su expansión, y la energía que desprende la llama de la vela se impregna de la emanación vocal, y se unen polarizando nuestros deseos.
Prepararse mentalmente para el buen uso de la magia
La preparación mental es imprescindible en cualquier ritual que vayamos a efectuar. Es necesario permitir la extensión de la conciencia a través de una técnica sencilla de concentración de nuestras fuerzas internas.
El hecho de que un problema o dificultad exista, significa que el deseo de solucionarlo nace al mismo tiempo que dicha dificultad surge, y es ahí precisamente donde reside la palanca de transformación de lo negativo en positivo.
Esta voluntad de cambiar la situación, de «barrer» las situaciones punibles, implican el «poder» de resolverlas.
¿Dónde está este poder?… El poder se encuentra en uno mismo.
Sean cuales sean el número de problemas, es importante que actúe con el pensamiento únicamente sobre un objetivo a la vez, y no mezclar varios problemas durante un mismo ritual.
Concentra toda la energía en la realización del ritual, la imagen de tu objetivo debe ser clara y nítida en el pensamiento, alimentar esta imagen a través de tus emociones, es decir, experimenta dentro de ti la vida de esa realización pensando y sintiendo que estás vivo y aprecias la vida en todo su ser.
Este trabajo es indispensable realizarlo unos cinco minutos antes del ritual. Después durante el ritual se pide a través de la oración que dicha preparación mental adquiera la realidad objetiva.
Cómo se prepara el material para usar en los rituales
La vela que va a situar en el altar, debe pasar por un proceso operativo en el que va a transformarse de objeto pro-fanp en un objeto sagrado.
A pesar de la sencillez de la magia de la vela, no se trata de prender la media y ya está, precisa pues de una ceremonialidad ya que de ello depende parte del éxito de las operaciones ritualizadas.
Cuando hallamos efectuado este proceso, la vela y los materiales con los que vamos a realizar el ritual dejan de ser un producto de fábrica para ser un utensilio propio dedicado a obras mágicas.
Sin que entremos en consideraciones alquímicas, veremos a continuación uno de los pasos a seguir, posiblemente el más básico, para que su trabajo con las velas sea el más correcto.
El operador tiene que realizar un exorcismo de los productos con los que va a trabajar. El término exorcismo, aunque se ha asimilado a la extinción de entidades diabólicas o infernales, realmente quiere decir «limpieza de energías negativas».
Para realizar el exorcismo prepare en un incensario un carbón, el cual encenderá con una cerilla de madera; previamente rociada con un poco de alcohol para que su combustión sea más rápida.
Cuando el carbón esté al rojo vivo, le añade incienso de sándalo, ya que este aroma le servirá para purificar.
Una vez realizada la operación anterior recitar por tres veces:
ADJUTORIUM NOSTRUMIN DOMINE DEMIURGI QUIFECIT CAEL UM ET TERRAM .
EXORCISO TE  (nombrar aquí el objeto: vela, cerillas, carbón, incienso y utensilio; por ejemplo: Exorciso te vela …) PER DEMIURGUM, PER DEUM, PER IGNEM, PER AQUAM, PERAEREM/PER TERRAM, UT PURITATEM SITINTE.
Pasa seguidamente la vela o material siete veces por el humo del incienso de Sándalo. Acto seguido consagre la vela o material diciendo lo siguiente:
CONSECRO TE (nombre del objeto), AD DEMIUR-GUM, CONSECRO TE (nombre de nuevo), AD MAGIAM, CONSECRO TE UTILITATEMMEAMSOLUM. AMEN
Realizada la consagración, vuelve a pasar siete veces el material por el humo del incienso.
La vela y su poder en la magia
Con su llama la vela, simboliza un elemento del rito: planeta, signo zodiacal, oficiante, peticionario, dominio de acción…
En el dominio de esta magia, la vela puede ser cualquiera de estas cosas citadas. Por lo tanto el uso de los colores en las velas tiene un papel importante y determinante en cualquier ritual, ya que se relaciona con otros aspectos de la magia en que los colores son determinantes para la obtención de unos resultados concretos.
Es imprescindible significar que en ciertos rituales colectivos, pertenecientes a sociedades secretas, un cirio o una vela situado en un lugar particular, simboliza la presencia de los maestros del pasado; mientras que en otro tipo de ritos, una vela negra representa las fuerzas negativas a expulsar de la Tierra.
La magia popular no ha conocido en otros tiempos las velas coloreadas actuales, pero sí candelarias a base de grasa animal y otros ingredientes simbólicos. Estas candelarias eran coloreadas con los ingredientes vegetales o animales que se mezclaban con la cera.
En la actualidad tenemos la ventaja de poder elegir la vela adecuada dentro de una gran gama de colores, cosa que facilita la labor, y nos asegura un mejor y más perfecto funcionamiento del ritual que vamos a realizar. Los rituales de la magia de las velas son fáciles de aplicar y dan buenos resultados, ya que es un buen medio de resolver problemas personales muy concretos. También el oficiante u operador puede hacer uso de dicha magia para otras personas que le soliciten sus servicios. Pero sin olvidar, como en cualquier magia simple, que la pureza de las intenciones del oficiante o peticionario es esencial para el resultado.
Diferentes tipos de vela para cada ritual
Con el fin de que consiga familiarizarte con el material que deberá usar para sus prácticas y trabajos mágicos, vamos a detallarle seguidamente cuál es el uso más recomendable para los diferentes tipos de velas:
• Velas de altar o velas evocatorias.
• Velas personales.
• Velas testigo.
• Velas planetarias.
Velas de altar
Son también conocidas como velas evocatorias o velas divinas, las cuales simbolizan la potencia divina. Las velas de altar, deben ser dos velones largos, uno de color negro y otro de color blanco.
Representan
• La presencia divina, independientemente de creencias o filosofías religiosas.
• La de una divinidad particular a la cual son consagradas.
• La potencia y la ley cósmica.
Velas personales o astrales
Se eligen de acuerdo con el signo zodiacal del peticionario o de la persona a quien va destinado el ritual. Si la petición es por ejemplo de orden saturnina, serán del color correspondiente al planeta Saturno.
Las velas personales se pueden también elegir en armonía con un signo zodiacal en relación a la petición. Pueden, por otra parte, ser elegidas en funciones análogas no astrológicas entre su color y el objetivo perseguido, en este caso intervienen las velas planetarias.
Las velas personales son representativas de fuerzas del mundo astral o terrestre, pueden representar un personaje: el hijo/a, padre, madre, amigo/a, la pareja.
Velas testigo
Representan a quién va dirigido el ritual, en estas velas se incorporan los testigos áuricos.
Velas planetarias
Representan las cualidades de cada planeta. Relación entre el color y el planeta o astro:
SOL:  Amarillo o naranja
LUNA:  Blanco o plateado
MARTE:  Rojo
MERCURIO:  Lila o morado
JÚPITER:  Azul fuerte
VENUS:  Verde fuerte
SATURNO:  Negro
Al poner en escena cualquier ritual mágico debemos circunscribirlo en un marco de formalidad y ortodoxia, que debemos establecer a través de una normativa que, en el caso que nos ocupa, podría atenerse a las siguientes reglas o artículos:
1. Usar sólo una vela para cada súplica. Dicho de otro modo, no es lícito emplear la misma vela en busca de obtener diferentes gracias o auxilios. Cada ceremonial requiere una vela distinta.
2. Queda al libre albedrío del oficiante escoger la forma geométrica de la vela en el momento de escenificarse el rito —cuadrada, piramidal, grabada, etc.—, si bien es de justicia advertir que una vela común y corriente, como la que utilizamos frente a la carencia de electricidad, obra de igual manera que otra más sofisticada. Ello pone de manifiesto que la apariencia externa de ese elemento primordial no es determinante por lo que al éxito de la ceremonia se refiere, ya que éste dependerá únicamente de nuestra entrega, recogimiento, y de un respeto escrupuloso, y una firme conciencia de que actuamos en nombre del bien y de la luz.
3. Es aconsejable, dado el sentido místico-mágico pretendido con el ritual que se va a llevar a cabo, prender con una cerilla un cirio prendiendo luego con él cada una de las velas del altar. Al finalizar el ritual apagar las velas no soplando, sino ahogando la llama en el interior de un apagavelas.
4. Auxiliar indispensable a efectos de una realización más intensa y profunda del ritual es la presencia del incienso, cuyo aroma no sólo purifica el ambiente sino que ayuda a establecer una vía mística de contacto entre quien se dispone a formular la súplica y los poderes superiores que van a ser invocados.
5. Al igual que para nuestras realizaciones profanas —lectura, televisión, estudio de trabajo, etc.— solemos disponer de una estancia adecuada para tales menesteres, nos es necesario —aunque no estrictamente imprescindible— que dispongamos de una habitación lo más acorde posible con el ritual mágico que realizamos a través de las velas. Como uno de los elementos indispensables para escenificar el rito es la concentración, deberemos elegir el habitáculo más alejado del mundanal ruido, el lugar idóneo que propicie nuestro recogimiento. Ello redundará en beneficio del oficiante a la hora de conectar su magnetismo en la dirección adecuada para que se dirija hacia el segmento de la luz con toda su fuerza y poder.
6. La mesa donde van a depositarse los elementos físicos —vela e incienso, y representaciones de las fuerzas de la naturaleza mágica: fuego, tierra, agua y aire— puede ser de diferente forma o tamaño pero, teniendo muy presente que si lo que ahora vamos a utilizar como altar tiene otros usos domésticos, deberá cubrirse con un manto o tela, a fin y efecto de proteger el magnetismo al que posteriormente será expuesta. Me inclinaría por recomendar para tal menester un tejido de algodón, hilo o seda, así como que la mesa se emplee tan sólo para los ritos mágicos de las velas desconectándola de cualquier otra actividad profana.
7. Si en el momento de iniciar la ceremonia echamos en falta una vela de un color determinado siempre podemos recurrir a una blanca, acto éste que nunca se podrá invertir sustituyendo una vela blanca por otra de color. De igual modo, ante la carencia de incienso de aroma específico, se le puede sustituir por el normal o el litúrgico. Si por cualquier causa ha de trabajarse sin incienso, ello no será obstáculo para la realización del ritual, ya que el único elemento imprescindible para ello es, lógicamente, la vela.
8. Vuelvo a reiterarme sobre el punto 6, en que sobre la mesa o altar debe existir una representación de los cuatro elementos básicos de la naturaleza mágica: fuego, tierra, agua y aire. Fuego y aire están escenificados en la propia vela, el agua puede estar presente en un recipiente que la contenga, derramando en su interior una cucharadita de sal. Y por lo que a la tierra se refiere, nada mejor que un puñado de ella para representarla.