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20 jun. 2011

Las Sacerdotisas de la Diosa - Las Guardianas del Grial (Los Tartessos)



María Magdalena es el nombre con el que ha pasado a la historia la sacerdotisa y guardiana del grial que ungió al iniciado llamado Jesucristo, sobre el que luego se fundó una gran religión patriarcal que tergiversó el mensaje original.
La Gran Sacerdotisa fue desprestigiada calificándola de vulgar prostituta. Se la degradó hasta convertirla en una simple ramera, pecadora arrepentida discípula del Maestro. En realidad Ella fue la encomendada por el Círculo Grialiano para elegir a un nuevo Iniciado.
Aunque las verdaderas enseñanzas de Jesús fueron perseguidas y manipuladas inmediatamente tras su muerte, el mensaje profundo subyace a pesar de los sacerdotes espúreos que se proclaman sus sucesores y predican en su nombre.
El verdadero y primigenio mensaje de Cristo no hablaba de un Dios Padre Supremo sino de la Divinidad Integral: La Gran Diosa y su Compañero-Esposo. Imposible reconocer el genuino mensaje después de veinte siglos de manipulación.
Magdalena y Jesús se iniciaron en Egipto y predicaron después en Palestina.
Tras la muerte de Juan el Bautista (a la izquierda del retablo) la sacerdotisa Myriam, de apodo la Magdalena, designó a Jesús como el nuevo Elegido, y así lo ritualizó, escenificó y manifestó mediante la unción con el más sagrado óleo, según la tradición de la época y la antigua cultura. Ella fue siempre la portadora del vaso de alabastro, que le otorgaba el poder de designar al Mesías, al Señor, al Rey Iniciado, al Esposo.
Ella reeditó y encarnó a la Dama Oscura del Cantar de los Cantares, la sagrada sacerdotisa que el poema denomina hermana y esposa.
Como alta sacerdotisa conferida del poder de la iniciación la Magdalena es tradicionalmente representada en la iconografía del arte sacro vestida con una túnica o un manto rojo, símbolo de la diosa como iniciadora. Muchos artistas a lo largo de la historia han trasmitido la enseñanza en clave, a pesar de que la jerarquía sacerdotal patriarcalista pretendiera manipular y usurpar la verdadera enseñanza original de la pareja iniciática.
Myriam la Magdalena no es una arrepentida pecadora sino una suma sacerdotisa sagrada dotada de todo su poder religioso. Ella fue guardiana del grial y encarnación humana del arquetipo de la Diosa.
 Tanto Jesús como Magdalena vivieron en Egipto y fueron reconocidos como iniciados por las escuelas de misterio tanto de Oriente Próximo como del antiguo país del Nilo. Las propias escrituras cristianas canónicas y apócrifas mencionan que la supuesta familia de Jesús viajó a Egipto en varias ocasiones.
A María Magdalena también se la conoció como la egipcia o sacerdotisa negra, aunque el arte sacro casi siempre la representó con el cabello rojizo, quizá para remarcar el color iniciático de la diosa.
A las Sacerdotisas de la Diosa también se las conoció como Hijas de la Luna, aunque este símbolo se apartó de María Magdalena y se le atribuyó a la madre humana de Jesús, a la que se le confirieron posteriormente algunas cualidades divinas en un intento de disminuir a la auténtica Sacerdotisa, a la que la Iglesia cristiana patriarcal siempre temió.
Distintas maneras de representarla:
La Magdalena muchas veces es representada con el huevo cósmico, el germen de la creación, otro de los símbolos de la Diosa. Otras, pintada como una gran señora, conferida del más alto rango: una Madonna. Y también desnuda, pecadora, tan sólo reconocible por su larga melena. Aunque una sacerdotisa sagrada no tendría porqué ocultar su cuerpo como generador de pecado, ya que para la diosa el cuerpo es santo y es templo de amor e iniciación.
Igualmente ha sido representada con un manto verdinegro, leyendo alguna escritura sagrada (el libro de los secretos) y junto al famoso vaso de alabastro, que tan sólo puede portar la alta sacerdotisa.
Myriam es la guardiana de la tradición sagrada, la guardiana del grial, la representante del genuino culto de la diosa, milenariamente más antiguo que cualquier religión patriarcal.
Junto al vaso del óleo o perfume sacro, que porta María de Betania, otro de los nombres de la Magdalena.
También se la representa junto al sepulcro del iniciado que ha resucitado, tal como marca el canon iniciático tradicional de los ritos de la antiquísima religión y que el cristianismo únicamente se apropia.
Otra representación es despidiendo a Jesús y enmarcada con el halo de la santidad, o mejor dicho de su alto grado espiritual.
María Magdalena, después de su llegada a Europa marchó a un macizo montañoso donde finalizó sus días como ermitaña. De ahí su desnudez y sus cabellos extremadamente largos. Tras su muerte los ángeles la llevan inmediatamente al Cielo.
Los artistas insisten en el símbolo del vaso de alabastro, portador del perfume de nardos o del aceite sagrado con el que se unge al Elegido, el Cristo en griego, el Mesías en arameo.
Pero a pesar de la discriminación  hacia Myriam- Magdalena no debemos olvidar que ella fue quien ungió al Señor, al Cristo.
 Aunque por nuestra tradición cristiana hemos perdido el contacto y el conocimiento con las guardianas de la Tradición Bipolar y de la Tradición Femenina de los Arquetipos Divinos siempre podemos recrearlas a través de la aproximación de la imaginación al matiz místico o sensual.
El símbolo de la sacerdotisa y el renacimiento es representado por la resurrecta ave fénix. Para muchos el Grial, la Piedra Filosofal y el Ave Fénix están entrelazados bajo un mismo misterio. Y en todos esos casos no puede faltar la alquimia que aportan las sacerdotisas de la diosa.
No habría resurrección de Cristo sin María Magdalena, ni de Osiris sin su hermana-esposa Isis. Ni hay revelación grialiana ni grial sin sus portadoras, magas y sacerdotisas.
Como decían los alquimistas: no hay alquimia sin lo femenino, ni misterio sin la mujer. Y Jesucristo también dijo en un Apócrifo que no hay mayor misterio que el de los Esposos. Se refería por supuesto a la religión bipolar de la diosa, que luego los patriarcalistas persiguieron.
Otro simbolismo deque es una sacerdotisa grialiana: la barca sagrada que conduce mágicamente a Avalón, el manto rojo de la iniciadora, la túnica morada que designa su alto rango espiritual, la luna representando a la diosa, las palomas que igualmente representan a la Diosa o sus guardianas, la barca que tiene cabeza y cola de dragón, el lago que prefigura el viaje del alma a través del subconsciente para acceder a la realidad del Otro Mundo, y hasta en las aguas del río podríamos tal vez descubrir al salmón del conocimiento.
Con otra barca, dirigida en este caso por la diosa Isis (en primer lugar presidiendo el grupo con su famosa corona sobre la cabeza) guiando a los demás dioses.
Otra diosa o sacerdotisa sería Tanit, uno de los nombres más famosos que recibió la diosa en la riberas del occidente del Mediterráneo y las tierras beréberes del Zagreb.
Con la lechuza de la sabiduría, que confiere el poder de la iniciación.
Con un rosetón que también representa a la diosa y que preside las puertas del Templo.
Desnuda ante su diosa la Luna, símbolo de la Gran Madre. La belleza de la luna y su poder sobre las aguas y la vida en la Tierra hizo que casi todos los pueblos la identificaran con la Diosa.
Y hay una extraña relación de los lobos con la luna y por tanto con la Diosa o sus sacerdotisas.
Lobos y brujas fueron denostados y perseguidos como seres diabólicos. En realidad la causa fue la relación de este animal totémico con la Diosa. También la mujer ha sido denostada, humillada o sometida durante miles de años, y así continúa siendo aún en algunas sociedades.
Lobo, luna y mujer: una combinación peligrosa según los patriarcalistas. Por algo a las mujeres que no se sometían a los dictados del hombre se las llamaba lobas  durante la Edad Media. Loba, bruja y prostituta: tres apelativos que sufrieron las seguidoras de la Diosa durante muchos siglos de persecución y opresión. Por algo no es de extrañar que María Magdalena fuera identificada también con una prostitura, es lo máximo que podían atribuirle debido a su incontestable cercanía a Cristo y la preferencia de éste hacia ella, tanto en los Apócrifos como en los Canónicos. ¿Acaso no se presentó resurrecto ante ella en primer lugar, antes que a los Apóstoles o a su propia madre carnal?
También se la representa como Diana, la Cazadora, otro de los antiguos símbolos y nombre de la Diosa.
Sus nombres fueron incontables, dependiendo de cada tiempo y cultura, o de la faceta arquetípica de ella que se quisiera remarcar.
Como diosa con forma humana, o simbolizada por un animal totémico, el principio generador de la realidad del mundo fue considerado en la más remota antigüedad como una fuerza cósmica femenina que penetra la vida toda.